Volvemos al trabajo y exclamamos: ¡Cuánto cuesta volver a la rutina!. Antes de irnos de vacaciones teníamos el síndrome burnout (estrés laboral), y después de estas la depresión postvacacional. Visto así, ¡hasta las vacaciones  parecen malas! Pero no, como todos sabemos o intuimos, las vacaciones son deseadas y necesarias. Lo importante es saber gestionarlas. De la misma forma que debemos gestionar los tiempos de trabajo.

De esta buena gestión depende que la jornada laboral, o las vacaciones, tengan, o no, consecuencias indeseadas en nuestro estado de ánimo, con las subsiguientes repercusiones físicas.

El trabajo es una actividad necesaria del ser humano. La concepción actual del trabajo es una profesión especializada dentro de una sociedad capitalista globalizada. Podemos estar de acuerdo, o no, con el sistema, pero en cualquier sistema que queramos plantear, de una u otra forma, el ser humano debería trabajar. Ya sea para cultivar sus alimentos, para construir su casa, ya sea para reparar las vías de agua potable, defenderse de ataques ilegítimos, etc. Nuestra sociedad actual permite repartir las funciones necesarias, y las innecesarias, y necesitarnos inevitablemente los unos a los otros.

Esta especialización nos permite ser más eficientes y por tanto más competitivos. Aunque me inclino más por la opción de ser más cooperativo, pero esto quedará en un anhelo personal, pues la sociedad que ustedes, en su conjunto, engendran hace que prime la primera sobre la segunda. No obstante, centrándonos en ese parvo y preciado concepto del «tiempo», la referida eficiencia debe permitirles la finalización del trabajo planificado, porque doy por hecho que ustedes tienen a bien responsabilizarse de planificarse las jornadas laborales, dentro del horario preestablecido y dotarles de una mayor disponibilidad de tiempo ocioso. Este tiempo es su vida. Es la esencia de su libertad en nuestro sistema. Habiendo cumplido con su misión diaria en este engranaje social, obtenido rentas o ingresos que le permitan su intercambio por bienes de primera necesidad, ese lapso de libertad es donde usted debe realizarse como ser congratulado de su existencia en aquellas actividades o inactividades que usted disfrute. Pero el tiempo es limitado. Seamos francos. Debemos atender necesidades y obligaciones y tras ellas valorar y elegir lo que queremos para nuestro ocioso y constreñido tiempo. Y por ende renunciar a las demás posibilidades. Y ello se logra mediante la gestión y planificación de los tiempos disponibles. A mejor gestión mayor asueto.

Aun así, tras un año de trabajo intenso, el cerebro, como si fuera un músculo de nuestro cuerpo tras un entrenamiento intenso, necesita de unos días – completos – de recuperación. Las vacaciones nos permiten esa recuperación necesaria para reencontrarnos con nosotros mismos, y en ocasiones con nuestra pareja, y retomar la actividad laboral con motivación.

Este periodo de «desocupación» es la suprema ventura existencial. Pero no es un nirvana autárquico, sino que debe estar conectado con los periodos de esparcimiento pre y post vacacionales. La vida no son sólo 30 días naturales de recreo al año. Si desconectamos nuestra felicidad vacacional de la diaria ordinaria estamos condenándonos al síndrome burnout y a la depresión postvacacional y a un sinfin de patologías fisico-psíquicas fatales para nuestro bienestar. Trabajamos para vivir, no vivimos para trabajar. Gestione su tiempo. Viva su tiempo ocioso, pero hágalo cada día de su vida. Si se queda en la nevera hasta las próximas vacaciones ¡sólo se comerá el 8% de la tarta! ¡Un mes de cada doce! y hoy en día ¡las neveras vienen de fábrica con obsolescencia programada!