¿Qué es lo más importante de la vida? Ella misma. Pues sin vida no hay posibilidades. Y como la mujer es la que debe gestar la vida en su vientre, la mujer es un ser esencial para la perpetuación de la especie, y como individuo fundamental debe protegérsele. Y así, después de muchos años, nuestro Estado protege a la mujer embarazada en su trabajo. La Ley en nuestro país imposibilita que a las mujeres embarazadas se les despida por esta causa.

A la empresa una mujer embarazada le supone una inversión más elevada de sus recursos para atender tramitaciones administrativas, beneficios de los permisos por riesgo durante el embarazo o maternidad, de la lactancia, etc. Es cierto que la eficiencia de una embarazada en sus fases avanzadas podría ser menor y ello influir en la rentabilidad de la trabajadora para la empresa. Pero en la vida, en nuestro país, el ser humano debe estar por delante de la economía. Y decirlo con orgullo y en voz alta. Los principios éticos deben ser defendidos y compartidos sin canguelos. La maternidad y la paternidad, una de las experiencias más sublimes del ser humano, a la vez que laboriosa, debe ser amparada por el sistema y respetada y comprendida por los empresarios.

Así, si durante el embarazo, incluso si la madre no tuviera conocimiento de estar encinta, se le despide por una causa directa o indirecta o incluso sin causa justificada, el despido será declarado NULO. Se deberá readmitir a la trabajadora y abonar los salarios de trámite desde su despido hasta la readmisión, y si ha causado daños y perjuicios o se han vulnerado derechos fundamentales, probablemente sea acreedora de una indemnización complementaria.

De la misma forma, tras dar a luz, la norma protege a las madres durante los siguientes 9 meses. Y si solicitara una reducción de jornada por guarda legal de un hijo menor de 12 años la protección se extendería durante dicha situación.

¿Y en caso de someterse a un tratamiento de fertilidad?

Es muy frecuente en nuestros tiempo someterse a tratamiento de fecundación «in vitro». Estos tratamientos requieren de acudir durante semanas entre 2 y 3 días a la semana a la clínica para recibir el tratamiento. Las ausencias pueden desesperar a la empresa y proceder con un despido indeseado.

La norma española no protege estas situaciones, pues en realidad la trabajadora aun no está embarazada, sin embargo, la bienaventurada jurisprudencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, y por ende la Jurisprudencia incipiente de nuestros juzgados de primera y segunda instancia, comienzan a extender la protección a las mujeres que se someten a estos tratamiento vía prohibición de discriminación por razón del sexo. Ya que esta condición, el embarazo, es propio de la mujer, y represaliar a la trabajadora que se somete a un tratamiento que desembocará probablemente en la maternidad supone una discriminación directa por razón del sexo, y en relación a la maternidad, no permitido por nuestra Constitución Española y por el Estatuto de los Trabajadores. Así, su despido sería igualmente considerado como NULO.

Para gozar de esta protección es recomendable comunicar a la empresa de forma fehaciente el inicio del tratamiento de fertilidad a efectos que las ausencias sean con causa conocida, justificadas y organizadas por parte de la empresa y se prevengan represalias, y para el caso que se produzcan se pueda desplegar la correspondiente defensa.

Los abogados vendemos tranquilidad. Nos traes tu preocupación y desarrollamos un colchón de tranquilidad. Lo desconocido atemoriza. La paternidad/maternidad en el trabajo asusta ante la incomprensión empresarial generalizada. Pero con un asesoramiento laboral previo, y su correspondiente seguimiento, la conciliación entre la vida familiar y laboral debe permitir a los padres dedicarse a las labores de Príapo por la antigua Grecia y, a continuación, a las de correr detrás de los rorros…

José María Rico Muntó

Abogado laboralista en Elche

Share This