– Y tú ¿Qué quieres ser de mayor?.- Yo quiero ser feliz. Esa es la típica pregunta que se le hace a los jóvenes; Y la clásica respuesta que nos dan los más aventurados. Y en esencia ahí se está resumiendo la vida. Porque con el tiempo, si este quiere, un día somos mayores y queremos ser/estar felices.
Y en este ambiguo dialogo con el que comienza el artículo se entremezcla la felicidad y el trabajo. Porque para pisar en la alfombra de la felicidad los zapatos del trabajo son esenciales.
No entraré en conceptualizar la felicidad. Podría escribir un ensayo bien gordo y no dejaría de ser un intento de aproximación de sus elementos objetivizados por deducción de la observación de la generalidad. Y a la postre, paradójicamente, la felicidad es completamente subjetiva. Tanto, que nace, muere y renace sólo dentro de nuestras cabezas. Y entre tanto, agotaría las líneas para dedicarle a la relación entre trabajo y felicidad, que es el objeto de este articulo.
No vivimos en una sociedad que nos haga fácil la vida. Nunca lo ha sido tampoco para nuestro predecesores, salvo un pequeño número de privilegiados que podríamos cuestionar en otro momento. No obstante, con esfuerzo y constancia, cada sociedad, mejor o peor, ofrece la oportunidad de gestionar nuestros recursos personales para alcanzar cierto grado de bienestar y con ello calzarnos los zapatos con los que subir y bajar de la alfombra de la felicidad.
Nuestra vida es breve y, si la analizamos, podemos ver que puede quedar dividida en 3 partes en relación a un día de trabajo. Ocho horas las dormimos, ocho horas las trabajamos y ocho horas las dedicamos a desplazamientos, necesidades y cuidados básicos y ocio. Si nos centramos en las horas de vigilia, fácilmente deducimos que ¡pasamos media vida trabajando!
Sería temerario ignorar que el trabajo nos influye en nuestra vida y en nuestro día a día. Por tanto, en la construcción de nuestro proyecto de vida debemos contar con mejorar nuestro entorno laboral. Así surge una pregunta que en la adolescencia trae de cabeza a los futuros profesionales: ¿trabajo de lo que salga? o ¿busco lo que me hace feliz?. Viendo la pobreza del mundo, la necesidad de muchos conciudadanos, o el sufrimiento de familias de vecinos sin trabajo, puede darse una respuesta precipitada a una joven e impaciente inquietud: sin duda,-diría el joven- hay que trabajar de lo que se pueda. No importa lo que quisiéramos ser de mayores, hay que sobrevivir como sea. Y en parte, o en ocasiones, así es. Y como gladiador de la vida, descalzo y por encima de sus miedos ese joven no solo se hizo con un trabajo, sino con un buen trabajo, buen horario, sin una gran exigencia laboral, bien pagado y bien reconocido. Objetivo logrado.
En el trabajo los minutos le parecían horas, las horas días, y su alma se iba llenando de tedio por semanas. Y al final, con dinero en sus bolsillos, su cabeza era tan pobre como la cartera de alguno de sus paisanos desahuciados. Descubrió que se podía ser pobre con dinero. Pobre de espíritu, de ilusiones, de pensamientos, de movimientos, de alegría por trabajar… y dimitió.
Replanteó la pregunta, y esta vez contestó: sin duda, hay que buscar lo que te hace feliz. Persistió y no sucumbió a los momentos difíciles, se apoyó en los suyos, le ayudaron a levantarse en cada tropiezo y encontró la vocación que había dentro de él. Hoy las horas en el trabajo son minutos y los minutos son segundos. El tiempo se le escapa en sus labores sin darse cuenta porque su trabajo absorbe todo su interés. Lleva puesto los zapatos y su alma es afortunadamente rica. – Y tú ¿Qué tipo de alfombra quieres tener a tus pies?.
José María Rico Muntó.
Abogado laboralista en Elche
