La vida es un breve tesoro que nos otorga un destino sibilino e ininteligible. Y a él llegamos con unas cartas predeterminadas y azarosas. Como todo equilibrio que permite la vida, esta se compone de lo bueno y también de lo malo. De nuestra actitud depende darle más importancia a lo bueno o a lo malo. Determinar qué es bueno y qué es malo. Y concretar en qué grado algo es más bueno o menos malo. Ahora bien, como todo lo malo forma parte de la realidad de la vida, esta no puede ser sin aceptar lo primero. Lo malo es tan parte de la vida como lo bueno. Vivir lo malo es indefectiblemente necesario para vivir, y para vivir lo bueno.

La felicidad, por tanto, no depende de que no nos sucedan cosas malas, pues si vivimos estas sucederán como parte natural del ciclo de la vida, sino de la actitud y la trascendencia y graduación que se le dé a un hecho autodeterminado como malo.

En ocasiones, una de esas cartas que nos depara el destino es la discapacidad o la incapacidad. Y habrá que vivirla con la libertad del amor desencadenado de los condicionamientos sociales e impregnado de la tierna sinceridad hacia nuestros seres queridos, ángeles con alas de hiel que se desviven por velar nuestra ventura.

El ciudadano de a pie suele encontrar dificultad en comprender la diferencia entre DISCAPACIDAD, INCAPACIDAD CIVIL e INCAPACIDAD LABORAL. En un intento de aclararle estos conceptos, a continuación los enjuagaremos conceptualmente:

La DISCAPACIDAD es la falta o la limitación de alguna facultad, ya sea física o mental, que dificulta o imposibilita el desarrollo normal de una persona en la sociedad.

Las comunidades autónomas son las encargadas de valorar la discapacidad y determinar su tipo y grado expresado en un porcentaje concreto según el baremo establecido por el Real Decreto 1971/1999, de 23 de diciembre, que regula el procedimiento para el reconocimiento, declaración y calificación del grado de discapacidad.

Dependiendo de la discapacidad se podrán obtener determinadas ayudas, económicas y/o sociales.

La INCAPACIDAD LABORAL es aquella situación de un trabajador que habiendo sufrido un accidente o una enfermedad, ya sea por el trabajo o en su vida personal, y tras someterse al tratamiento médico prescrito, presente reducciones anatómicas o funcionales graves y definitivas o que anulen su capacidad laboral.

El Equipo de Valoración de Incapacidades (EVI) valora al trabajador y determinada si un trabajador está afecto, o no, de incapacidad y su grado (parcial, total, absoluta o gran invalidez). Desgraciadamente en más de las ocasiones de las que debería el EVI no determina la incapacidad correspondiente y se necesita a un abogado laboralista para que con amparo del Juzgado reconozca al trabajador su derecho al cobro de las prestaciones económicas correspondientes por la pérdida de la capacidad laboral.

Por último, la INCAPACIDAD CIVIL es una declaración contenida en una sentencia que determina la extensión y límites de la incapacidad de la persona sometida a un proceso de incapacitación civil, así como el régimen de tutela o guarda a que haya de quedar sometido el incapacitado que sufre enfermedades o deficiencias persistentes de carácter físico o psíquico, que impiden a la persona gobernarse por sí misma.

Comprendidos estos conceptos uno sigue la partida. Lo cierto es que todos acabaremos perdiéndola. Pero algunos hemos decido disfrutar del juego. A todos, y en especial a los discapacitados, incapacitados laboral o civilmente, y a sus familiares y ángeles de la guarda, mis mejores deseos para que en sus partidas ganen muchas jugadas de cariño sincero y cercano que paren el tiempo en una milésima de perfección humana grabada en el corazón de las buenas personas. Algunos le dicen felicidad.

José María Rico Muntó

Abogado laboralista en Elche

Share This