Cuando llega un problema laboral queremos al mejor abogado especializado en la materia para que nos defienda y a precio de ganga.
Evidentemente eso no es posible.
De los trabajadores que contratan los servicios de un abogado una parte eligen al abogado por su reputación, honradez y profesionalidad. Y otra buena parte lo hacen por el precio, el que más barato les cobre.
En Elche seremos más de 600 abogados, pero pocos están especializados en derecho laboral.
Respeto, como no podía ser de otra forma, aquellas personas que eligen a su abogado por precio, tanto como los que lo eligen por la profesionalidad.
Pero a la hora de elegir un abogado laboralista el cliente debe tener en cuenta que no estamos ante un producto fabricado en Asia por trabajadores con condiciones laborales abusivas que permiten abaratar el coste de fabricación hasta dejarlo en un precio ridículo. Estamos ante la prestación de un servicio en Elche que implicará el constante trato con el cliente, con el Juzgado y con la contraparte. Lo que implica una dedicación de tiempo importante.
¿Cuánto tiempo invierte un abogado laboralista en un asunto? Es una pregunta relevante para comprender el servicio que debe recibir y dudar de los precios “low cost”.
Un abogado laboralista es un profesional altamente cualificado que debe conocer la legislación laboral vigente, siendo esta una de las materia increíblemente más cambiante. Lo que supone muchas horas de dedicación al estudio y la formación del letrado. Lectura de las nuevas leyes, la Jurisprudencia reciente, doctrina, asistencia a cursos, ponencias y foros. Todo ello para que cuando el cliente entre en el despacho y plantea su problema el abogado esté preparado para responder con la solución apropiada y más beneficiosa para su cliente.
A este tiempo invisible de trabajo sumergido previo del letrado, de entrenamiento, visto desde un prisma deportivo, hay que sumar el tiempo de reuniones con el cliente, la contraparte y los trámites y desplazamiento al Juzgado y demás instancias. Hay que añadir el tiempo de estudio de los documentos aportados por el cliente, su supuesto de hecho, las consecuencias del mismo, desarrollar una estrategia de defensa, o varias, y valorar las probabilidades de éxito, para darle traslado al cliente. Preparar un presupuesto y, si existe conformidad, ponerse a trabajar para materializar la estrategia en la demanda correspondiente, preparando la prueba, en ocasiones abundante y costosa. Presentar las demandas de conciliación, acudir a las conciliaciones previas, presentar las demandas Judiciales, con sus copias y acudir a las vistas que sean necesarias, previa preparación con el cleinte. Y a sentencia, con cierta probabilidad, instar o defender un recurso o preparar el procedimiento de ejecución correspondiente. Y todo ello con la máxima calidad y eficiencia que espera el cliente.
Paralelamente, el abogado debe llevar el departamento de administración diligentemente. Dedicar tiempo a la logística del material del despacho, proveedores, pago de facturas, impuestos y demás obligaciones propias del negocio.
Y por último, el abogado debe dedicar tiempo a trabajar el campo del marketing. Aquel departamento que permite darse a conocer a sus clientes potenciales para que estos puedan valorar si el despacho es el apropiado para su problema legal.
Y el tiempo pasa, y el mes transcurre. Y como todo trabajador el abogado tiene sus gastos de despacho, de hipoteca, de hijos, de ocio, etc. Y toda esa dedicación es la que justifica los honorarios que percibirá.
Si un asunto no fuera rentable como para cubrir los gastos y obtener la remuneración por la dedicación necesaria para dar la profesionalidad y calidad del servicio que se merece, mejor no llevar el asunto.
Todo ello me aboca a una anécdota bastante ilustrativa. Un supuesto que se planteó en nuestro despacho. Una empresa despidió a dos trabajadores. Nos reunimos con ellos. Sus circunstancias eran las mismas. Se estudiaron sus asuntos y se les propuso una innovadora estrategia que podía maximizar la cuantía que obtendrían en el pleito.
No entraremos en detalles, por proteger los datos de los trabajadores y las estrategias de nuestro despacho, pero cuando les entregamos el presupuesto les expusimos que la minuta del despacho sería del 10% sobre la indemnización por despido y si la estrategia de defensa resultaba acogida en la sentencia se incrementarían al 15% sobre la cantidad obtenida.
Uno de los trabajadores depositó la confianza en nuestro despacho. El otro prefirió acudir a un compañero que le cobraba el 7% sobre lo obtenido.
El resultado en las diferentes sentencias fue que nuestro cliente obtuvo aproximadamente 25.000 euros y el otro trabajador obtuvo aproximadamente 5.000 euros. No es que el compañero abogado lo hiciera mal, sino que en ocasiones hay planteamientos con los que se obtienen mayores beneficios.
Nuestro cliente pagó de honorarios el 15% sobre 25.000 euros, es decir 3.750 euros. Se le quedaron 21.250 euros netos.
El otro trabajador pagó de honorarios el 7 % sobre 5.000 euros, es decir 350 euros. Se le quedaron 4.650 euros netos.
La diferencia entre ambos trabajadores fue de 16.600 euros. El que quiso pagar menos al final obtuvo una cantidad mucho menor que el que apostó por remunerar el trabajo de su letrado.
Y esto es de lógica. Una defensa fuerte implica dedicación, esfuerzo, sacrificio por parte del abogado en defensa de su cliente. Y esa dedicación no se va a realizar por 350 euros. Porque no compensa. El abogado necesita muchos casos de ese tipo para llegar a final de mes y se acaba convirtiendo en un mediocre porque no tiene tiempo de formarse, mejorar y de estudiar sus asuntos con profesionalidad. Sólo pude ir de juicio en juicio sin tiempo para nada más que planteamientos sencillos y superficiales.
Sin embargo, con la minuta de 3.750 euros permite dedicarle al cliente el tiempo que necesite, estudiar a fondo el procedimiento, la Ley, la doctrina y la Jurisprudencia, realizar las investigaciones y desplazamientos necesarios, recopilar la prueba y maximizar las posibilidades de éxito.
Ahora bien, el trabajador no suele enterarse que podía haber obtenido 25.000 euros en lugar de 5.000 euros.
Es este caso se dio la circunstancia de un despido paralelo que se pudo seguir, pero por lo general los despidos, salvo los colectivo, son individuales y una vez tomado un camino, nunca sabremos si se hubiera conseguido más o menos con otro planteamiento.
En definitiva, el cliente debe ser consciente que debe buscar una buena defensa. Un buen letrado. Y un despacho que se ajuste a sus necesidades. La honradez y la profesionalidad del abogado son esenciales. Y un indicio de qué nivel de calidad vamos a recibir es el precio. Tenemos lo que pagamos. No seamos ingenuos. La calidad técnica tiene un precio. En esta materia, la laboral, estando vinculados los honorarios generalmente al resultado no hay excusa para tacañear con lo que hay en juego.
Ahora bien, la última palabra la tiene el cliente. Asume sus riesgos y decide la calidad de sus productos y servicios. Pero siempre que esté informado.
José María Rico Muntó
Abogado laboralista en Elche
