No le echemos tanta culpa a los gobiernos. En ocasiones no forman parte de la ecuación del problema. En el caso del artículo de hoy la traba puede residir en la empresa o en Ud. Todos los progenitores tienen, más antes que después, la incertidumbre de si tienen que llevar a su hijo enfermo al pediatra tienen derecho a solicitar permiso a su empresa para ausentarse del trabajo, y, además, si este permiso es, o no, remunerado, o si deben recuperar las horas empleadas para tal contingencia en otro momento.
En ese instante se pueden plantear dos supuestos. El primero, que el empresario no se asesore debidamente por un profesional y, barriendo para casa, en la mayoría de los casos, decida convertirse en un «cacique parlamentario». Que aunque pueda sonar bien esta composición sintáctica, nada más lejos de la realidad, significa que el empresario de forma tiránica, desdeñando cualquier regulación legal sobre el asunto, decide otorgarse unilateralmente la potestad de legislar en el aire del momento la norma no escrita que diga que, si con suerte se concede tal permiso, tendrá que recuperarse las horas empleadas al final de la jornada o no se remunerarán.
El segundo supuesto, es que, pese a conocer la norma y la regulación correcta del caso concreto, el «empresario jeta» tenga el cinismo de transgredir el derecho del trabajador imponiéndole las mismas condiciones que el «cacique parlamentario».
Y es que por la gracia de Dios, o por la de Marx, según quieran Uds. ideologizarse, en nuestro país (España) existe un derecho laboral básico y, generalmente, lógico. Y su respeto es esencial. No como un privilegio de los trabajadores y una carga para los empresarios, sino como una aportación al estado del bienestar, a la mejora de la sociedad. Porque no vivimos para trabajar, trabajamos para vivir, y debe comprenderse en todos los ámbitos de la sociedad que lo primero no es la economía, ni la productividad, ni la empresa, que sin restarle la importancia debida a dichas cuestiones, lo primero es el ser humano, los hijos, la familia, el bienestar social y personal de los ciudadanos. Y sería una fatalidad que en nuestro país no pudiéramos llevar a nuestro hijo al médico para que nos curen a la generación que, además, en un futuro estará levantando la empresa donde hoy trabajan sus padres.
Existen muchas estrategias de mejorar la productividad de una empresa, y entre ellas está el tener a los trabajadores contentos, satisfechos, como por ejemplo permitiéndoles llevar a sus hijos al médico con permiso remunerado, lo que alimenta su motivación y su pertenencia al grupo (empresa), lo que aumenta su compromiso con él y su entrega a la eficiencia como agradecimiento ante lo que más queremos en esta vida, la familia, lo que redunda en un aumento de la productividad y del beneficio empresarial.
Sin embargo, ya estemos ante un empresario «cacique parlamentario» o un «empresario jeta», lo que no tiene dispensa es que el trabajador no se asesore con un abogado laboralista que le informe de sus derechos y le ayude a defenderlos.
Porque en tal caso, de nuevo podemos estar ante dos supuestos, el primero ante el «trabajador avestruz» cuyo miedo reverencial le hace meter la cabeza bajo tierra y tragar con todo abuso laboral que se le sirva, en cuyo caso es el momento de dejar de leer este artículo para no tener conocimiento de los derecho que le van a expoliar. Advirtiendo al lector que evitará el peor de los sentimientos, el remordimiento, pero, si se me permite irónicamente el símil penal, no la conocida Jurisprudencia que quien se coloca en una situación de ignorancia deliberada no le exime de su responsabilidad para ser condenado como colaborador necesario del hecho punible por comisión por omisión. Y el segundo ante el «trabajador correcto«, que sería aquel que trabaja honradamente y cuando se merman sus derechos reclama lícitamente por ellos.
Cabe discutir sobre el miedo y la actitud correcta, pero no cabe duda que si se opta por allanarse al fraude derivamos en la precaria situación actual. Por tanto, la defensa de los derechos es indefectible para la conservación efectiva de los mismos, o de hecho desaparecerán progresivamente permaneciendo sólo en papel mojado. De la misma forma que sucede cuando los propios trabajadores compiten por conseguir un puesto de trabajo pujando por aceptar el salario más bajo incluso del convencional, las condiciones laborales se deterioran.
Es el momento de abrir el huevo. Al margen de la ética empresarial y su compromiso social, el Estatuto de los Trabajadores establece (art.37.3) que el trabajador, previo aviso y justificación, podrá ausentarse del trabajo, con derecho a remuneración, y por tanto sin tener que recuperar las horas empleadas, «por el tiempo indispensable, para el cumplimiento de un deber inexcusable de carácter público y personal…«, la Constitución Española (art. 39.3) establece que «Los padres deben prestar asistencia de todo orden a los hijos habidos dentro o fuera del matrimonio, durante su minoría de edad y en los demás casos en los que legalmente proceda.», y el Código Civil dispone ( art. 110) que “el padre y la madre, aunque no ostenten la patria potestad, están obligados a velar por los hijos menores y a prestarles alimentos”, y por alimento se entiende (art. 142) “todo lo que es indispensable para el sustento, habitación, vestido y asistencia médica”.
Por tanto, sobre la base de estos preceptos legales, y conforme entiende nuestra Jurisprudencia, los padres tienen un deber inexcusable de carácter personal de darle a sus hijos asistencia médica, lo que implica la obligación de llevarlos al médico, y por tanto, estando amparados por la normativa laboral, podrán ausentarse del trabajo con derecho de remuneración, siempre que se preavise y se justifique la necesidad. Es decir, con criterios de razonabilidad, por ejemplo en el tiempo empleado, en la imposibilidad del otro progenitor, etc.
Dicho lo cual, lo que es deseable es que no visiten a sus pediatras. No porque sus jefes no les dejen, sino porque sus hijos son portadores del tigre Cai Shen en sus corazones, deidad oriental de la salud. Y recuerde, si hay un problema, que la traba no sea Ud.
José María Rico Muntó.
Abogado laboralista en Elche
